Diciembre 21 de Oruro a Uyuni

Reportaje de Esteban Sosnitsky

Mientras desayunábamos en uno de los bizarros espacios del hotel, donde los vidrios no se han limpiado en años pero con una pantalla gigante plana de TV con CNN en español que esta a full, un niño nos observa escondido desde la puerta de vaivén que da a algún lado que no sabemos que es, porque lo del desayuno lo van trayendo de otro lado: Kafkiano al 100%. El señor que atiende, humilde, con un saco de lana, botines y pantalón caqui nos ofrece amablemente huevos revueltos. Sale por la puerta que entramos y vuelve por otro lado. Sigue el misterio de la puerta de vaivén. El hotel es muy raro, como fuera de sitio, solo una pareja esta comiendo en el desayunadero. Nada cuadra. El espacio es raro, parece un set mal hecho. Sin embargo cuando aparecen Julio y Andrea, Julio nos cuenta que se encontró con un motero chileno, Max, quien viaja para Uyuni tambien pero el si va en su moto Africa Twin. Nos recomienda si o si comprar una pimpina de combustible ya que en Chile los trayectos son muy largos y de La Paz a Arica no hay nada, según él. Por viajeros sabíamos que si había gasolina, pero no podemos desestimar el consejo de un colega así que nos sembró la duda. Lo consideraremos al regreso cuando recojamos las motos.

 

El South American Handbook, la biblia de este viaje, recomienda una panadería cercana al Hotel Sucre. La panadería de Doña Filo. Quisimos pasar a ver si había algo para el viaje en tren. Nos atendió la Sra. Filo en persona y el que suponemos era su hijo. No pudimos dar con un lugar mas autentico. En un lugar donde hasta ahora pocas cosas cuadran, este parecía un buen oasis. El ambiente de la panadería además era genial, sencillo, local, autentico realmente. Queríamos probar todo, las galletas de quinua, de avena, pan de molde, pan de naranja, tortas decoradas, tortas navideñas, empanadas, en fin. Es el lugar perfecto para comprar algo para el tren, y así fue. Nos aprovisionamos de sánduches de pollo con mayonesa y pimentones. Todo un manjar en estas tierras. Salimos pues en busca de unas medias para las chicas al mercado local. Mientras ellas buscaban las medias, frente al local, unos puestos como de plaza de mercado ofrecían cosas mas autóctonas, dentro de los cuales habían los famosos sombreritos redondos locales ya vistos desde Copacabana; las indígenas que los usan se los ponen de lado como Chaplin o Magoo. Son espectaculares y se ven de lujo, desproporcionados sobre la cabeza inclinados hacia un costado. En Copacabana una mujer local me dijo que eran de cuero de vicuña, pero me pareció un poco extraño. Aquí en Oruro, me quería quitar la duda así que me acerqué a una señora que vendía los sombreritos frente al local de las medias, le pregunte textualmente,

“Sra, de que están hechos estos sombreros?” a lo que respondió: “Pues de que van a ser?” Le dije, “de Vicuña?” Me miro casi con odio, “La vicuña??? Esta prohibido! Están protegidas por el gobierno!” Le dije, “De que son entonces?” Me dijo “pues de LANA!!” Y yo, “Lana de que animal?” A lo que respondió. “Pues de cual será?? De alpaca!” Aunque un poco malgeniada la señora me sacó de la duda. Aunque yo también  un poco disgustado con la contestadera tan jarta, me dejó con la sensación que la gente no es tan amable y les molesta la cosa. Pasé grabando una cuadra con el iPhone: parecía Bangkok. Especias, jabones, shampoo, cerrajeros, movilidades todo sobre la calle y las vías del tren. Al pasar grabando mas de uno empezó a decirme, porque nos graba? no nos filmen!! porque? Apáticos. Raro en una ciudad que recibe una vez al año el festival carnaval mas importante de Bolivia. Lastima que el iPhone tiene un “glitch”, la primera vez que pongo a filmar toma una foto en vez de grabar….

 

Al fin de cuentas, lo importante es que el sombrero es muy bonito y les queda sensacional.

 

Después del altercado volvimos al hotel, almorzamos de afán y salimos con el equipaje básico para la estación del tren. Allí estaba el expreso del sur esperándonos. Una tarde soleada. Las sillas que nos dieron estaban separadas porque los números del tren no son seguidos. Es decir, el 1 no esta al lado del 2. En fin, un ejemplo mas de lo que es Bolivia. Sin embargo, es un tren de solo pasajeros, no hubo problema y salió muy puntual. Lento, pero salio. Un ventilador y una tele nos acompañaba en el camino. Habíamos llevado un libro y el computador para ponernos al día con lectura y blog, sin embargo el vaivén del tren lo hizo imposible. A su vez que adormilaba, mareaba un poco. El paisaje de la tarde fue espectacular, el camino se ve a un costado y también se ve como se va poniendo cada vez mas difícil. El sánduche estaba delicioso, y eso que el tren tenia su salón comedor donde vendían de todo, sin embargo me contuve aprendiendo de la experiencia del ultimo tren. Estas mismas vías van hasta Argentina, ya nos sentimos cerca del destino aunque vamos primero a Chile ya la cercanía se siente y emociona. La luz aquí también se empieza a sentir diferente. La intensidad del color azul del cielo, la hora mágica se prolonga, las cosas se ven diferentes aunque sean las mismas. La música local que pasaban por la TV era delirante. Ya mostraremos algún video. Las letras cual vallenato nos describe que la preocupación por el amor y la infidelidad son códigos universales de estas tierras, y aunque cantan en español, algunos coros son en aymara. Lenguaje que también usan para despistar a los turistas. Después de 7 horas, a las 10 de la noche llegamos a Uyuni. Allí nos estaban esperando para llevarnos al Hotel Luna Salada. Nos subimos en una Land Cruiser para un viajecito que duraría 40 minutos, pero el viaje se empieza a hacer largo. En la camioneta había un olor muy penetrante que no lográbamos distinguir. Era un olor raro, amargo, húmedo, desagradable. Mientras avanzábamos notamos que el chofer como que se iba quedando dormido. Al ver con mas detalle vemos que tiene una protuberancia en el cachete y se va metiendo unas hojitas en la boca. La hoja de coca es ese olor penetrante que lleva la camioneta, es lo que permite que nuestro buen chofer no cierre los ojos frente a la carretera y es lo que hace que la altura de la zona no les afecte tanto. La habíamos visto en los mercados pero no habíamos visto que fuera algo tan excepcionalmente común y aceptado como para manejar sin que alterara de ninguna forma la manera de conducir. Al cabo de un rato llegamos a Colchane, donde se encuentra la bajada y entrada al salar. A unos km de allí se encuentra el Hotel Luna Salada, nuestro destino. La llegada aquí aun de noche se siente mística. Al entrar, la sal cruje con cada pisada. Huele de manera especial. En la entrada muchos stickers viajeros marcan el logro de múltiples expediciones que llegaron hasta aquí. Vemos el sticker de nuestros amigos venezolanos que ya se hospedaron aquí también. Las habitaciones tienen catres hechos con ladrillos de sal, el piso de las habitaciones y de todo el hotel esta hecho de sal, nos  preguntamos como aspiran estos cuartos…. Simple. Les ponen mas sal encima y sale. 3 plumones nos cobijan y parece que en algunas épocas no son suficientes. Nos fuimos a dormir muy cansados en un lugar mágico, la energía del salar se siente aunque aun no lo hemos visto. Mañana veremos por fin el salar mas grande del mundo.

 


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