Lago Atitlán

Ayer salimos de Antigua después de acompañar algunas de las procesiones. Los cartujos, cargaderos ó cargadores de santos, con sus túnicas de penitentes, casi me convencen de comprarme un vestido morado (en lugar de reponer el pantalón y los zapatos) para quedarme a trabajar por unos días.

Pero tenemos por delante aún muchos kilómetros por recorrer. Igualmente, teníamos muy recomendado visitar un pueblo, con mucha afluencia campesina-indígena, que en los días domingo realiza uno de los mercados mas famosos de la región. Pero a éste lugar hay que venir obligatoriamente solo con oír su nombre: Chichicastenango. La sonoridad y la belleza de éste nombre maya atrae fuertemente. Y vale la pena, pues adicionalmente es la tierra donde los curas de la comunidad de Santo Tomas descubrieron el famoso manuscrito Popol Vuh, el libro de las leyendas de la comunidad Quiché quienes hacian parte de los mayas. Así mismo, es el pueblo donde se crió Rigoberta Menchú, lider indigenista quien ganó el premio Nóbel de la Paz aunque perdio las elecciones presidenciales.

Por todo eso, no se incomoden cuando se tengan que sacudir los huesos en los 53 “tumultos” (léase policías-acostados), mal hechos y en punta, que hay en los escasos 12 Kms entre la carretera principal y el pueblo.

Después de Chichicastenango nos dirigimos a un lugar especialmente atractivo. El lago de Atitlán… Rodeado por volcanes, (San Pedro, Tolimán y Atitlán). Nuestro destino fue el pueblo de Panajachel en donde encontramos un hotel tan sabroso y acogedor que nos quedamos un día mas de lo presupuestado. Es el puerto de entrada al lago y al mismo tiempo el portal de entrada a un mundo indígena de miles de nativos que viven en sus alrededores como lo hacían hace siglos. Nos tocó presenciar a la llegada a Pana (como lo abrevian) un entierro muy interesante. Ataúd en hombros, medio centenar de amigos y deudos, hombres, mujeres y niños todos vestidos casi igual marchando a las carreras. Con un toque moderno: detrás de la comitiva llevaban un camión abierto, con músicos y equipos de sonido a todo timbal, cantando unos “lamentos” bien interesantes. Lamentablemente el recorrido era en una bajada muy pronunciada y no pudimos ni parar, ni pasarlos para registrar en fotos o video la situación.

Hoy en la mañana nos pusimos al día en crónicas e Internet, lavamos algo de camisetas y calzoncillos y aprovechamos la parada para reponer no solo las fuerzas sino el faltante en ropa. Los zapatos se cambiaron por la “sandalias del pescador” para entrar en la onda de los nazarenos.

En la tarde el programa era darnos un vuelo en parapente sobre el lago. Lamentablemente no se pudo realizar porque había muy poco viento.

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