Enero 5, de General Roca a Necochea

Quisimos arrancar temprano pero después de un mes esperando el desayuno, hoy, a falta de pocos días para terminar la aventura, no iba a ser la exepción: Salimos tarde por esperar el desayuno. Me di cuenta que me pongo ansioso y me estreso cuando sé lo que me espera, mas que cuando el futuro es incierto. Para el dia de hoy tendriamos la recta de la muerte, el calor infernal de Rio Colorado, el paso por Bahía Blanca, la ruta destrozada hacia Necochea, la llegada emocionante, etc, etc. No es sino preocuparse,  para que todo salga al revés.

Arrancamos pues mas o menos temprano, mas bien tarde, hacia Choele Choel, destino planeado para el dia anterior, al cual no llegamos agraciadamente debido al paisaje. Ibamos preparados para el calor descrito en múltiples ocasiones por viajeros anteriores, pero hacía frio. Asi que decidimos parar a ponernos algo de abrigo. Julio, fiel creyente, intuyó erradamente que el calor vendría mas adelante e hizo la tarea de abrigarse en un 50%. Al cabo de otros km, antes de entrar a la recta de la muerte empezó a lloviznar. A sabiendas del día largo que nos esperaba decidí que lo mejor era ponerse los impermeables. Nuevamente Julio hizo la tarea al 50% y se puso solo la parte de arriba del impermeable, esperando el calor absurdo de Rio Colorado. Lamentablemente, Argentina no es como Colombia, que llueve truene o relampaguee en Anapoima y Melgar, hace un calor infernal. No, Argentina es distinto. Estamos en verano, pero puede hacer frio. Efectivamente así fue. Arrancamos la dichosa recta y empezó a llover torrencialmente y de manera intermitente. Al cabo de unos pocos km los compañeros estaban lavados de la cintura para abajo, sin lugar donde parar en 138km de recorrido. Llegamos a Rio Colorado, y paramos en una bomba a calentarnos, mientras recordabamos la historia del secador, posiblemente en la misma bomba. Andrea estaba echando humo de la ira por haber seguido las instrucciones de Julio de no ponerse el impermeable, ahora se lo tendria que poner a manera de sauna sobre el pantalón mojado. Mientras tomabamos algo aparecieron 3 europeos que nos hacian miradas como para saludar, cuando me acerqué y les pregunté como iban, respondieron: We dont know. Vi que eran de la República Checa, entendí lo parca de su personalidad, les dije salud, puente de carlos y plaza de Wenceslao en cheko, media vuelta y seguimos viaje. El frío nos acompañaba en todo el recorrido, al igual que el viento fuerte proveniente del atlántico y que en esta pampa no tiene quien le diga que no. Llegamos a Bahia Blanca un poco mas tarde y me invadió una nostalgia gratificante. Quería parar allí a visitar, recorrer la zona donde vivieron mis abuelos, quedarme una noche y visitar la tienda de don Fermín, pero mucho de Bahia Blanca, sino todo, carece de gracia sin la compañía de mi padre, contándonos historias de infancia fascinantes que me vinculan mas al sitio que visitamos. Asi que decidí dejarlo para algun viaje en el que me acompañe. Buscando eso mismo, aceleramos a Necochea. Tomamos una circunvalar que no nos dejó ver mucho de Bahia y nos sacó mas bien rápido hacia la ruta 3 que se dirige a Tres Arroyos. La lluvia nos seguia acompañando de manera intermitente y rastros de sol nos ayudaban a secar el impermeable de cuando en vez. Se nos iba haciendo tarde y recorde haber visto en Internet un hotel como bueno en Tres Arroyos, en caso de que no alcanzáramos nuestro destino del día. El Elegance. Aunque la verdad, ya la ansiedad acosa y a como de lugar quería llegar a Necochea. Llegamos como a las 6 de la tarde a una bomba en Tres Arroyos. Allí nos sorprendió la cantidad de moscas que habia! Además de toda la infraestructura agrícola que tiene como centro la zona. Mientras nos tomabamos un café unos chicos en la mesa de al lado nos preguntaron para donde íbamos, al contarles de nuestro destino nos confirmaron lo fuerte de las lluvias y lo inundado del camino. Nos hablaron de espejos de agua debido al desnivel de la ruta, y no nos daban mucha esperanza de encontrar un camino fácil para llegar. No nos importó. La suerte estaba echada y ya a pocos km de Necochea no nos ibamos a arrugar. Aunque ya estabamos bien arrugaditos después de casi 12 horas de camino pasado por agua. Tomamos pues el camino mientras nuevamente luchabamos contra el viento del sur. Ya por suerte no llovía y pudimos apreciar un poco los millones de girasoles que ya girados hacia el oriente esperaban al sol el dia siguiente. Nos ibamos pegando a algunos autos que nos pasaban muy rápido para aminorar el viento en contra y para que nos esparcieran un poco mejor el agua del camino. Llegamos con el caer del sol a Necochea. La entrada por la avenida me parecía un sueño, y lo era, un sueño hecho realidad. Hace menos de un año, en Abril, le dije a mi tío que la próxima vez que viniera a Necochea seria en la V-Strom negra, y ahí nos encontrábamos, pasando por El faro, El Tirol, la peatonal, la 10, el parque y la diagonal a pocos metros de un merecido descanso. Nuevamente la emoción se apoderó de mis ojos, extraña cosa esa. Entramos por el parque hacia la calle de los tíos y dimos con la casa de una, como si hubiéramos estado ayer. Las luces estaban todas apagadas, toqué bocina cuando llegamos y dejé enviando un SPOT para los que nos seguían. Habiamos llegado. Pero nadie nos abría!! Recordé que le dije a la tia que llegábamos hoy o mañana, pero HOY aún era HOY y existía la posibilidad que nos esperaran! Ya estaba empezando a pensar en un hotel para llamar cuando veo que se asoma el tío con una pinta de desubicado tenaz. Entraba y salía de la puerta ppal en vez de venir a saludar y abrirnos! No entendía nada. Vino caminando mientras esquivaba a Vito y Delfina, que ladraban como locos. Nos abrió el portón que estaba sin candado y nos dimos un gran abrazo. Solo repetía: Que viaje, che! Que viaje!

Camila y Andrea registraron el emotivo momento. Llegamos.


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