Ruta Andina 2.018 Crónica # 2

Reportaje de Gonzalo Bueno

Dejamos Cuenca con nostalgias, pues no solo es una ciudad muy bella arquitectonicamente; también tiene muchos lugares por visitar, iglesias coloniales por todos lados y muchos restaurantes provocativos que no alcanzamos a ver.

El inicio de la jornada, rumbo a Piura en el Perú, es por la sierra andina, con un frío agradable, poco intenso. Poco a poco fuimos descendiendo al suroeste, como si fuéramos a Guayaquil y el clima comenzó a mejorar, calentando gradualmente. Sin embargo, nosotros buscábamos otra salida de frontera distinta a la clásica Panamericana de Huaquillas, que no fuera tan congestionada. En viajes anteriores habíamos pasado por la frontera Macará – La Tina, muy tranquila. Esta vez, variando nuestro recorrido, escogimos la frontera de Lalamor (Ecuador) o El Alamor (Perú).

El último tramo es muy tranquilo, con muy poco tráfico lo cual se refleja favorablemente al llegar a los puestos donde hacer los trámites: no había nadie en turno! Sin embargo, esto no significa que sea lo más rápido del mundo. Sellos de pasaporte de entrada y salida otra vez en menos de nada.

Pero al llegar al puesto de aduana para el permiso de internación de las motos, un funcionario re lento, miope y a quien embiste la tecnología. Comenzó el trámite con la moto de Mateo y después de 20 minutos maldice entre dientes y vuelve a preguntar:”Como es que es su nombre?” Ahí nos dimos cuenta que se le había borrado todo en el computador y estaba volviendo a empezar, aunque esto no lo reconocería nunca públicamente. En fin, en las fronteras hay que armarse de paciencia.

El cambio de naturaleza al entrar al Perú es notorio. Desde que vamos aproximándonos a la frontera se va sintiendo la metamorfosis al desierto. Y como ya se ha observado en otras crónicas y entradas, es impactante el mal manejo de basuras y desperdicios que tienen. Es un asco!! Se ve a las claras que en muchos municipios el manejo de basuras consistía (ojalá sea pasado) en descargar los camiones en la mitad del desierto, algo lejos del pueblo. No hay rellenos sanitarios, técnicamente bien manejados. Asi los vientos y los 500 o 1000 años que demora un plástico en degradar hacen que se vean esparcidos por todos lados, generando un impacto grande en el ecosistema y el viajero.

Desde luego no todo es negativo. Hay dos enormes represas, al norte de Piura, una llamada San Lorenzo hecha hace más de 50 años y otra enorme más nueva, denominada  Poechos con las cuales han construido una gran red de riegos. De esta manera le sacan al desierto una productividad bien interesante. Se ven proyectos agroindustriales extensivos de una variedad de productos. Arroz, mangos, uvas, ají paprica, alcachofas y espárragos. Buena parte de estos son exportados.

Piura sigue siendo una ciudad que no llegará nunca a gustarme. En el primer viaje, 2.005, nos estafaron con unos soles falsos. En el segundo evitamos quedarnos ahí, dormimos cerca en Colan. Y esta vez quise reconciliarme con ella y darle una segunda oportunidad. Pues resulta que al salir del hotel, en la confusión de maletas internas y atadijos que se amarran sobre las laterales, que íbamos sacando poco a poco del lobby, unos tipos estaban tratando de robarse una de ellas… Los vimos sospechosos,  la niña del hotel también, salió a encararlos y preguntarles qué querían. Creo que gracias a ella no perdimos en éste viaje los calzoncillos y los tenis de nuevo.

Video en Carretera

Nos llamó mucho la atención las ventas continuas de miel de abejas, sobre la carretera y en los escasos centros urbanos que pasamos. Son muchos puestos. Y en una parada posterior, en medio del desierto y de la nada, donde solo se ve una rala y escasa vegetación de maticas pequeñas, en pocos minutos sentimos que sobre las motos y las maletas laterales aparecían abejas curiosas indagando por algo dulce. De donde salen? De qué viven?

La jornada a continuación hasta Trujillo fue bien diferente. Terreno absolutamente plano, rectas interminables con arena y desierto de cada lado. El mar trae una brisa fresca y refrescante, pero al detenerse se sienten con intensidad los 32 grados del ambiente. Hay amplias zonas de desierto “virgen” y limpio, aunque también se ven grandes extensiones de proyectos agroindustriales en estos departamentos al sur.

Esa monotonía se hace interminable y de pronto uno racionaliza que lleva tres horas sin parar y más aún sin tener donde hacerlo distinto de la orilla de la carretera. Las dobles calzadas sin terminar y solo por tramos, como en La Ruta del Sol nuestra, nos recuerdan las historias comunes y posiblemente, los recuerdos que dejó Odebrecht en este país hermano con el que compartimos las mismas desgracias que deja la corrupción.

Similarmente, al llegar a Trujillo notamos como se ha deteriorado el tráfico y llegar a la Plaza de Armas en el centro histórico de la ciudad es hoy una proeza. Los choferes urbanos son una calamidad. Buses, colectivos y taxis por montones peleando por un pasajero pues también son colectivos estilo “Uber Pool” como en Piura, se atraviesan de un lado a otro sin mirar y sin ningún recato cierran buses, camiones y particulares. Como el plan del día era solo dar una ojeada a su famosa plaza y a continuación seguir a las playas de Huanchaco, en medio de ese despelote los hijos se preguntaban si valdría la pena ese esfuerzo. Finalmente creo que valió. El edificio de la municipalidad, el de la gobernación y el colorido mismo, hacen de esta plaza un lugar emblemático. Creo que ellos finalmente nos dieron la razón. Igualmente, el caso de desespero adicional al tráfico para llegar, era ya un asunto de hambre. Cuatro de la tarde y sin almorzar. Afortunadamente encontramos un lugar delicioso que a punta de “Causa Limeña”, “Sanguche de Fonzi” y “Lomo Saltado” con unas Cusqueñas nos devolvió el alma al cuerpo.

En la playa, Huanchaco, nos acomodamos en el hotel  Huankarute para tomarnos otro día de descanso, mantenimientos mecánicos básicos y crónica, mientras planeamos los intensos cuatro días que siguen. Vamos a subir por el Cañón del Pato al Callejón del Huaylas, que separa las Cordilleras Negra y Blanca. Esta última llamada así por sus famosos picos nevados en el Parque Nacional de Huascaran. Queremos atravesar este parque subiendo por Yungay y retornando por la Punta Olímpica. Ya veremos si el clima nos deja…


One response to “Ruta Andina 2.018 Crónica # 2

  1. Leyendo el relato de las inmundicias contaminantes que menciona Gonzalo, me llevó la memoria a similar impacto que tuve en el 2008 cuando de regreso a Caracas, mi ciudad, en la vuelta a América del Sur en moto que hice me topé con ese mismo escenario que me pareció espantoso e inconcebible que 10 años después aquello esté peor.
    Pero, así como aquél mundo de basura me dejó amargo recuerdo, también decir que mw resultaba cuando menos insólito, ver cómo en pleno desierto surgían de tramo en tramos grandes campos verdes intensos de plantaciones que se alternaban con grandes extensiones de arena. Indagué en aquella ocasión con gentes del lugar y varios coincidieron era tecnología traída de Israel de riego por goteo que habían comensado a usar en ese país para poder producir alimentos en tierras áridas.
    Grscias por tan, de costumbre, excelente crónica.

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