Dia 4 de Enero – En tierra de Dragones

Reportaje de Pedro Sosnitsky

Hanoi- Mai Chau  150  Km  al Oeste de  Hanoi. 5 horas

Madrugamos para alistar las cosas,  meter todo lo necesario en el par de alforjas de hule verde y aspecto militar que nos facilitaron con la moto alquilada y tomamos un taxi hasta Flamingo Travel. Allí ya nos esperaba Mr.Pink nuestro guía y luego de un par de incidentes, ya que nos querían cambiar la moto que habíamos probado el día anterior por  alguna razón que no entendimos pero, suponemos, algo tenía que ver con papeles, arrancamos hasta el “garaje” donde insistían en que querían que probara otra moto. El “garaje “es un puesto en la calle con las herramientas colgando de un arbolito y un poco de motos arrumadas. Nos encontramos allí nuevamente con los colegas australianos y fuimos juntos a tanquear unas cuadras mas adelante. Allí comenzó la primera parte de la aventura, que consiste simplemente en salir de Hanoi.

El enjambre de motos que creía que solo existía en el centro del Old Quartet está por todos lados.

El tráfico es impredecible.

Aunque parece un hormiguero no tiene la lógica de éste. En el hormiguero natural solo hay dos caminos: el de las que van y el de las que vienen. En el hormiguero de Hanoi se mueven caóticamente en todas  las direcciones. Eso en cuanto a lo visual. En cuanto al ambiente sonoro es indescriptible. Todo el mundo pita al mismo tiempo para llamar la atención de las otras motos, los peatones, los carros, los camiones y los buses. En medio de este caos también la gente para, habla por teléfono (si, dije bien, en medio de la calle) y un detalle interesante es que gran parte de las personas usa solo la mano derecha para tener el timón. La otra mano va entre el bolsillo…

Alrededor de dos horas nos tomó salir de la capital, esquivando motos, peatones, carros y bicicletas. En todo ese recorrido solo vimos un accidente menor. Los vietnamitas deben tener algún ángel que los cuida.

Prácticamente no se ve policía, pero tampoco se ve que existan reglas de transito ni semáforos. Mas aun, no he logrado descifrar si se conduce en este país por la derecha o por la izquierda!!!

El día, totalmente nublado y frío. Ya en las afueras paramos en un mercado al costado del camino para estirar un poco  las piernas. La gente es muy amable y aunque las dificultades de comunicación por la barrera del idioma son insuperables, se alcanza a percibir el buen trato.

Un rato mas tarde paramos a almorzar y para nuestra sorpresa  fue absolutamente delicioso. Mezclan pequeños platos de carne, verduras crudas, arroz, huevos, verduras salteadas, etc. etc. y uno se sirve de cada cosa en su propio bowl. Estuvo delicioso. La sopa Pho Bo (noodles con carne) es el común denominador de todos los puesticos de comida. Nada es picante, usan bastante el ajo (La Negra deberá traer lonchera) y nos encantó.

En unos frascos mantienen alcohol con distintos elementos que consideran buenos para la salud. En uno por ejemplo había un pájaro con plumas y todo. Una copita al día te mantiene “volando”.

A la salida del almuerzo el viaje se complicó con una niebla densa que por momentos era lluvia. No se veía a un metro. Así  anduvimos unos cuantos kilómetros adivinando el camino y los obstáculos hasta que así como apareció, desapreció. Hicimos una parada adicional para apreciar una vista del valle y del sito al que vamos: francamente parece espectacular!!

Llegamos a una aldea de la minoría étnica White Thai. Ban Lac es una aldea  de 450 personas dedicadas a la agricultura y al turismo ya que reciben en sus casas a turistas para compartir su vida en familia. Toda una experiencia.

Los White Thai viven en casas elevadas en las cuales en el segundo piso queda el dormitorio comunal y en la parte inferior está la cocina.

El bambú es la fuente de casi todo aquí. Se usa para comer, cocinar, construir, hacer instrumentos musicales, etc etc.

Alrededor de las casas el cultivo de arroz  y otras verduras y hortalizas son como una despensa viviente para los habitantes.

Generalmente, cada casa tiene también abajo un puestico de venta de artesanías muy simpático.

La cena con la familia fue una experiencia bastante especial, sobretodo porque no pudimos comunicarnos sino para brindar con Happy Water, un vino hecho a base de arroz bastante fuerte.

Solo unas copitas y cuando ya pensábamos irnos a descansar, Pink había organizado en nuestro cuarto una presentación de danzas y música de la villa. Y para hacerla mas animada invito a otros turistas (Vietnamitas y europeos).Hay en la villa 200 estudiantes de dibujo alojadas en distintas casas ( y en la nuestra habría unos 20).Así que tuvimos show sobre nuestra  colchoneta !!!

Juanita los miro con tal ojo que el guía dijo: “No se preocupen, le cambiamos la sabana..jejeje”

El espectáculo estuvo muy chévere y muy real. Las bailarinas y bailarines eran los mismos que vimos al día siguiente en sus labores cotidianas. Al fin se fueron todos como a las 9 y nos instalamos para dormir.

Abajo Pink se quedo bebiendo Happy Water y poco a poco el ruido se fue extinguiendo.


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